Vaca Muerta: entre lo posible y lo real – Parte I

Escribe el Dr. Fabián Tobalo, asesor legal de FEC. Presentamos la primera parte de este interesante artículo.

El yacimiento conocido como Vaca Muerta es una formación geológica de petróleo de esquisto (Shale Oil) y gas de lutita (Shale Gas) que se extiende entre las Provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa. A diferencia de los yacimientos petrolíferos convencionales, donde los hidrocarburos se hallan alojados en grandes cavidades dentro de las rocas (trampas estructurales, fallas geológicas).

En los esquistos bituminosos, en cambio, el hidrocarburo se halla alojado dentro de un género particular de rocas porosas de baja permeabilidad, y para su extracción es necesario recurrir a un proceso de fracturación hidráulica (fracking) que al fragmentar las rocas libera el mineral. El proceso resulta considerablemente más complejo y costoso que la extracción en los yacimientos petrolíferos convencionales.

La formación fue descubierta en la Sierra de la Vaca Muerta, cuenca neuquina, por el geólogo estadounidense Charles Edwin Weaver, en 1931, realizando estudios de prospección para la Compañía Standard Oil de California.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales confirmó luego el hallazgo. Por entonces por razones económicas y tecnológicas la explotación era inviable. En 2011 se estimó la existencia de 741 millones de barriles de petróleo y en 2012 se estimó la existencia de gas por 22.500 millones de barriles equivalentes de petróleo (BEP). A valores de consumo actual, las existencias de gas halladas en el lugar representan más de 300 años de consumo doméstico. Se trata de la segunda reserva mundial de shale gas comprobada, y de la cuarta reserva mundial de petróleo no convencional.

En estimaciones comparativas: las reservas existentes en la formación Vaca muerta equivalen a tres veces el stock total de capital de la República Argentina; a 150 años de cosechas; a 5 veces el valor inmobiliario total del suelo argentino; a 20 veces el valor del PBI de la República Argentina, estimado al año 2013. Con un adecuado desarrollo de la explotación de ese reservorio, hacia el año 2030 las exportaciones derivadas del mismo podrían duplicar en valor a las exportaciones agrícolas (estudio Ricardo Arriazu).

Mientras tanto, entre el año 2007 y hasta el presente la República Argentina registró una balanza comercial energética negativa de U$S 50.000,- millones, producto de políticas incursas en el populismo energético: interferencia estatal en el sistema de precios desalentando la inversión y estimulando el consumo subsidiado. La resultante de ello es igual en todo tiempo y lugar: considerable caída de la producción y crecimiento de la demanda doméstica. Entre nosotros no ocurrió algo distinto.

Los recursos están. Pero falta extraerlos y hacerlos disponibles en los mercados local y externo. Lo que falta, no es poco.

¿Dónde estamos hoy?

A diferencia de los yacimientos petrolíferos convencionales, en que las perforaciones resultan productivas durante largos períodos con una tasa decreciente de producción gradual (en torno al 6% anual), en los depósitos de esquisto la producción decae fuertemente (60% durante el primer año, 25% durante el segundo año), por lo que para mantener una producción constante de los recursos no convencionales resultan necesarias inversiones continuas en perforación y fractura. Consecuencia: la adecuada explotación de las reservas existentes en Vaca muerta exige inversiones elevadas y continuadas durante extensos períodos.

El problema solo comienza en ese punto.

Falta capacidad de acopio, refinación y transporte. Falta mano de obra calificada. Falta marco regulatorio, faltan instituciones. Es el drama de la República Argentina: posee recursos abundantes, pero sus instituciones son débiles.

Carece de moneda estable, sus instituciones no garantizan el derecho de propiedad, ni el regular cumplimiento de los contratos; su Estado consume irresponsablemente los recursos de la sociedad por la vía de la confiscación impositiva, en orden a solventar un gasto público desmesurado e improductivo. Estos obstáculos institucionales conllevan la denominada “tasa de descuento” sobre las inversiones directas en el sector. Dicha tasa es consecuente al riesgo País.

Ergo: en las condiciones actuales, que no difieren mucho de las verificadas en los últimos 90 años, nuestro País no puede atraer inversiones directas masivas como las que estos recursos hidrocarburíferos exigen. Y no es que en el mundo falten recursos financieros.

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