La sombra de los supermercados, sobre las estaciones de servicio
Hace ya 25 años, el por entonces presidente de UNENYA, OSCAR RODRIGUEZ, en el fragor de una conversación acerca de los perjuicios para el sector que podrían acarrear las estaciones de servicio de las petroleras, dijo: “Muchachos, preocúpense por la venta de combustibles en los supermercados; eso puede ser tremendo para nosotros”. En aquel momento pocos sabían de la posibilidad de esa incursión comercial de los súper. Pero pronto comenzó a verse.
En Córdoba, ante el proyecto de una cadena de hipermercados de instalar bocas de expendio de combustibles en sus instalaciones, la FECAC de aquel entonces, trabajó sobre el tema, llegando a convencer el intendente Municipal (el radical Rubén Martí), de la necesidad de ordenar la actividad del expendio de combustibles. Así es como luego de mucho trabajo se obtuvo una ordenanza, la 9748/97 que entre otras cosas impide vender combustibles a los súper e híper mercados. Otros municipios del país promulgaron normas similares, pero muchos no lo hicieron.
Hay una premisa importante en nuestro sector: Los combustibles de uso automotor, cualquiera sea el mismo y/o su modalidad de despacho, deben venderse en una estación de servicio.
Por eso, no llama la atención la preocupación de los estacioneros mexicanos con respecto a esta cuestión, tal como lo relata América Retail.
La incursión de cadenas de supermercados a la venta de combustibles puede convertirse en un alto riesgo para el sector gasolinero tradicional, pues le estaría arrebatando mercado a los competidores que no tienen otra oferta de valor; ante esto será útil una reinvención e innovación de atención a clientes y mejores precios.
Costco, Soriana y Walmart son los supermercados que tienen grandes planes para instalar o expandir sus estaciones de servicio por el país, lo que significa una competencia más aguda para las gasolineras de alrededor, advirtió Francisco Javier Quezada, analista del sector.
El caso más preocupante es el de Costco, que sí opera su propia marca y que ha logrado ventas de 3 millones de litros de combustibles al mes, refirió.
“Tienen el gran aliciente de precios bajos y recompensas a los clientes que están afiliados y los puntos adicionales que se obtienen cuando se realiza el pago con tarjeta de la tienda y recompensas”, detalló.
Quezada apuntó que esas ventas no corresponden a una demanda incremental, sino que es un producto que dejan de vender otras estaciones.
En el caso de Walmart y Soriana, éstas tienen un mecanismo en el que no pueden aprovechar todos los beneficios que les da precisamente la marca del supermercado, pues las gasolineras son operadas por terceros; en el caso de la primera, va de la mano con Gazpro y la segunda, con Hidrosina.
“No es un peligro tan grande en este momento”, dijo el analista.
Pero el próximo año esto se iba a ir recrudeciendo. “Es tema de ocupación y preocupación”, comentó el experto durante su participación en la Expogas de la Asociación Mexicana de Proveedores de Estaciones (Ampes).
Otra competencia de impacto para el sector gasolinero tradicional que observa Quezada es la factibilidad de apertura de estaciones de servicio de bajo costo en grandes centros urbanos.
“Ya hemos encontrado gente que está promoviendo estaciones de bajo costo, estaciones modulares, que si finalmente se instalan a una inversión mucho más reducida, podría implicar que vendan más barato y puedan implicar también un verdadero dolor de cabeza para ustedes”, advirtió a los gasolineros.
En ese contexto, el especialista recomendó que en una época de incertidumbre en el país, el próximo año se debe reforzar la atención al consumidor.
“Hay que reinventarse, pero no de dientes para afuera, hay que realmente negociar con la marca que se tenga, no contentarse con lo que ofrece, un color, una iluminación, producto”, recomendó Quezada.


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